De manera inusual, el Festival de Flamenco de este año comenzó en silencio. Sin música, sin cante ni palmas, solo el sonido del metal de los zapatos de Jesús Carmona raspando las tablas del suelo en la penumbra, describiendo de forma audible el arco de sus piernas mientras se desplegaban a su alrededor. Fue algo melancólico y sorprendente a la vez.

El impacto resultó aún más poderoso porque Carmona estaba esencialmente sin rostro; la iluminación solo mostraba su silueta oscurecida como si fuera un misterioso asaltante enmascarado. El diseño de luces de Juanjo Hernández Trigueros jugó un papel fundamental a la hora de hacer que la expresión del flamenco puro en UnYdos fuera todavía más imponente, creando zonas separadas en el escenario, utilizando apagones e iluminando de forma nítida e inmediata a un artista o grupo donde un instante antes no había nada. En una secuencia, Carmona saltó a través de una línea de cinco focos. El final dejó al protagonista literalmente engullido por la oscuridad mientras el foco sobre él disminuía gradualmente de modo que solo sus dedos, alzados muy por encima de su cabeza, quedaban visibles.

Aunque estos eficaces y teatrales diseños de iluminación distaban mucho de la habitual y espectacular brillantez de un tablao, las interpretaciones de Carmona y de los cinco artistas que le acompañaban surgieron directamente de la esencia de esa tradición, y todas fueron memorables.

Carmona posee unos pies temblorosos, un zapateado rítmico extraordinario con una cadencia que sube y baja en armonía con sus músicos. Canta con los pies. El récord mundial de golpes de claqué por minuto es de 1.163 (para ahorrarle el esfuerzo de calcularlo, eso son más de 19 golpes por segundo). Es un récord que se mantiene desde hace quince años y parece insuperable, ¡pero si Carmona se lo propusiera, el Libro Guinness de los Récords podría tener que llamarlo! Su extremo virtuosismo flamenco se complementa con una elegancia innata y un gozo en el movimiento.

A pesar de toda la brillantez de Carmona, los momentos cumbres del baile fueron compartidos con una soberbia bailaora, Lucía Campillo, quien comenzó su carrera profesional con la renombrada Compañía de Antonio Gades y también ha bailado con el Ballet Nacional de España. Podría perfectamente encabezar su propio espectáculo; baila con madurez, humor y sensualidad, demostrando unas habilidades excepcionales tanto con el mantón (un enorme chal con largos flecos), manipulando la pesada tela de seda con gran fuerza y destreza en los brazos, como exhibiendo una fuerza similar en la parte inferior del cuerpo al vestir la bata de cola, moviendo el pesado material con aparente facilidad al compás de sus propios giros. Por momentos, la cola giraba a su alrededor como el tiovivo de un niño al que se le da un fuerte empujón. Fue una clase magistral de estas exigentes artes flamencas.

Un toque de erotismo puro es un ingrediente clave en el flamenco, y tanto Carmona como Campillo proyectaron este atractivo sexual a través de su vistoso vestuario y sus apasionadas personalidades. Hacia el final del espectáculo de 75 minutos, Carmona lució una túnica roja abierta sobre un chaleco ajustado tan translúcido que tardé un rato en darme cuenta de que no estábamos viendo su piel. Los ojos centelleantes de Campillo y sus tremendos arqueos de espalda ofrecieron un cóctel de sensual seducción.

Los bailarines estuvieron respaldados por cuatro músicos excepcionales, entre ellos el cantaor Jesús Corbacho, artista invitado que cantó con una fuerza formidable pero elegante, fuertes matices emocionales y un inmenso registro vocal. Para mi oído no entrenado, su voz suena única entre los cantaores. El cante es la raíz del flamenco y cantar para el baile es un poco como dirigir para el ballet: los puristas pueden ser prejuiciosos. Pero crear la adaptabilidad rítmica adecuada cuando se canta para el baile es una habilidad adicional que va más allá del cante de concierto o de concurso, y Corbacho posee esas cualidades en abundancia. Como era de esperar, ha ganado casi todos los premios de flamenco habidos y por haber, incluida la prestigiosa Lámpara Minera (en 2024), y canta de forma tan natural como camina, lo que quizás tampoco sea sorprendente ya que, según se dice, ¡ya cantaba fandangos con una afinación perfecta a los dos años de edad!

Otros dos cantaores, Francisco Blanco (Al Blanco) y Eleazar Cerreduela, añadieron profundidad, potencia y variedad al tapiz vocal dentro del cual floreció la danza, y José Manuel Martínez Muñoz (conocido como «El Peli»), que a sus 28 años sigue siendo un guitarrista flamenco comparativamente joven, demostró una gran sensibilidad al aportar la única contribución instrumental no vocal al espectáculo. Es, sin duda, un artista a tener en cuenta para el futuro.

UnYdos es un juego de palabras en español que significa «uno y dos» en referencia al compás rítmico del flamenco, y «unidos», una metáfora de la naturaleza esencialmente cohesionada del gran flamenco. Este grupo de seis artistas excepcionales estaba incuestionablemente inclinado hacia una presentación masculina, aunque Campillo fue suficiente mujer para equilibrar a los veinticinco hombres. Fue una noche deslumbrante de puro virtuosismo flamenco, animada por un tremendo sentido de lo teatral, y augura un buen futuro para el resto del festival, que continúa hasta finales de junio.

Crítico: Richard Maguire

Exhibiendo el flamenco en su estado más puro, la Compañía de Danza de Jesús Carmona inaugura el Festival de Flamenco de este año en el Sadler’s Wells. Didáctico, emocionante y vibrante, UnYdos demuestra que todo lo que se necesita para una actuación de flamenco es un par de bailarines, tres voces y una guitarra.

Sin embargo, el espectáculo de 90 minutos comienza en silencio cuando la estrella de renombre mundial entra sola al escenario, con el rostro oculto bajo las luces que delimitan un brillante recuadro. Unos extraños sonidos de raspado provienen de sus pies mientras dibuja arcos circulares en el suelo. Pero poco después de estos marcajes, Carmona se lanza a un baile explosivo, con un zapateado tan fuerte que parece que tuviera micrófonos instalados en las suelas de sus zapatos.

Tras este impresionante comienzo, el resto de la compañía se une a él, además de dos artistas invitadas especiales. La primera es Lucía Campillo, quien se une a Carmona en un emocionante paso a dos, lleno de estampas dramáticas captadas magistralmente por el diseño de luces de Juanjo Hernández Trigueros. Sus muñecas trabajan sin descanso creando formas elegantes. Más adelante, sus brazos se vuelven igual de imponentes cuando baila con un mantón, cuyos flecos cobran tanta vida como ella misma.

El segundo artista invitado es el cantaor Jesús Corbacho, quien ganó la prestigiosa Lámpara Minera en el festival del cante de las minas en 2024. Con un aspecto que recuerda un poco al de Brian May de Queen, su voz es increíble a medida que se eleva quejumbrosa desde el escenario. Los otros dos cantaores, Eleazar Cerreduela y Francisco Blanco («Al-Blanco»), son igual de buenos, ofreciendo el primero el único acompañamiento para Carmona en uno de los segmentos.

La energía de la compañía nunca decae y no hay un solo momento aburrido, aunque es una pena que Carmona y Campillo no bailen juntos más tiempo. En un momento dado, ella entra luciendo un vestido color rosa salmón increíblemente pesado, lanzando los tacones hacia atrás para levantarlo del suelo. Los atuendos de Carmona son más prácticos, pero refleja de alguna manera sus movimientos al agarrar la esquina de su chaqueta de traje corto mientras sus pies zapatean en el suelo.

Completa la compañía José Manuel Martínez Muñoz, «El Peli», a la guitarra. No obstante, dado que los cantaores jalean y marcan el ritmo con los pies, su guitarra no es el único sonido que escuchamos. De hecho, la coreografía de los músicos es tan cautivadora como la de Carmona, lo que tal vez funciona como un preámbulo para el número final. Pero, como demuestra UnYdos, el flamenco no es solo cuestión de pies y muñecas, sino una unión perfecta de música y danza.

El festival anual de flamenco arranca con un estilo espectacular, con un espectáculo de gracia serpentina y precisión rítmica.

Hay muchos lugares en la vida donde estar pagado de uno mismo, o al menos actuar como si lo estuvieras, no es lo más adecuado. El foco de un espectáculo de flamenco no es, en absoluto, uno de ellos. Pavonearse es esencial para el bailaor de flamenco, y hay algo asombroso en ver el poder magnético de un intérprete que controla tanto su instrumento y a su público.

Tensión y ataque… Jesús Carmona y Lucía Campillo en UnYdos.

Jesús Carmona abre su espectáculo, y la 21ª edición del festival anual de flamenco, posando en un cuadrado de luz sobre un escenario a oscuras, desplegando lentamente un brazo con gracia serpentina para luego atrapar el aire en un repentino agarre. Es esta habilidad para jugar con la tensión y el ataque, para estallar o ceder repentinamente, para cambiar la energía a su alrededor, lo que distingue a Carmona como un gran bailarín. Pisoteará a los demonios en un estallido de extremidades salvajes (sus piernas vuelan y se mueven como las del mejor centrocampista de La Liga), pero posee un eje de absoluta compostura (acompañado de unos giros maravillosamente cerrados).

El festival, de dos semanas de duración, abarca una amplia gama de flamenco contemporáneo, desde lo tradicional hasta lo vanguardista. Carmona, antiguo bailarín con Eva Yerbabuena, se sitúa en el extremo más puro del espectro, aunque con una estética y una sensibilidad modernas. UnYdos no tiene un montaje teatral ni una investigación temática; son solo dos bailarines (Carmona y Lucía Campillo) y cuatro músicos: un guitarrista y tres cantaores/palmeros. Es una propuesta minimalista, un estudio rítmico —incluso la guitarra se toca a menudo de forma percusiva— y Carmona utiliza cada color en sus pies.

El galardonado cantaor Jesús Corbacho es el más destacado, con una voz ágil y flexible que hila relatos melódicos en frases largas con una sensibilidad tonal real. Campillo baila con elementos tradicionales: un solo perfectamente medido con un mantón, primero aferrado con intensidad a su cuerpo y luego balanceando su pesada tela en enormes arcos. Después, se cambia a un vestido de bata de cola —más tela engorrosa que manejar mientras se luce hermosa (el peso de la feminidad, ¿eh?)—.

UnYdos no es una reinvención radical de la forma —solo hay sutiles destellos de experimentación y, hay que admitirlo, un blusón rojo bastante vanguardista para el vestuario final—, pero expuesto ante un escenario y una atmósfera tan puros, Carmona demuestra una verdadera maestría.

El festival de este año arrancó de manera tradicional con la Compañía de Danza Jesús Carmona en UnYdos, compartiendo Carmona el baile con Lucía Campillo, acompañados por los cantaores Eleazar Cerreduela y Francisco Blanco, con José Manuel Martínez Muñoz («El Peli») a la guitarra. También hay que reconocer al diseñador de iluminación Juanjo Hernández Trigueros por un trabajo deslumbrante durante toda la obra.

La velada se abrió con un zapateado a palo seco de Carmona, iluminado a contraluz por un único foco blanco que resaltaba las líneas de su braceo. Carmona posee unos brazos fluidos que son casi femeninos sin resultar afeminados. Su estilo invita a esa clase de comentarios que suelen asociarse más al ballet, al menos en lo que respecta a su torso. Tampoco teme hacer un gran uso de la filigrana (los movimientos decorativos de manos y dedos), junto con unos pitos (chasquidos de dedos) que estallan como disparos de pistola. Una vez que subió la iluminación y se le unió Campillo, quedó claro que presenciaríamos una hora de flamenco puro.

Dichto esto, resultó un tanto impactante cuando Carmona desprendió seductoramente la capa superior del vestido de Campillo y le entregó un mantón de seda. Realzado por una iluminación dramática, tanto eso como el vestido azul pálido eran una estampa deslumbrante.

Campillo se abstuvo de los movimientos —demasiado a menudo frenéticos— que son comunes en muchos trabajos de mantón hoy en día, usándolo en su lugar como un elemento expresivo. Casi parecía como si estuviera dándole a luz mientras lo envolvía frente a ella al inclinarse en una segunda posición amplia y baja, hasta que el mantón se convertía en una extensión de los amplios movimientos de su torso y, finalmente, en la sugerencia de su propio sudario al envolverse con él.

El cante fue soberbio. Ambos cantaores poseen voces de tenor ligero que, a pesar de ello, no carecen de matices ni de expresión. El Peli suena como si fueran al menos tres guitarristas en uno, con un toque lleno de falsetas delicadas y complejas y con más de un guiño a sus raíces clásicas.

Tan hipnótico era el cante que fue una sorpresa cuando Campillo quedó recortada en silueta luciendo una bata de cola, astutamente iluminada de modo que parecía de un rojo sangre. Bailó fandangos manejando tanto la cola como el abanico con tal energía que una de las flores de su pelo salió volando por el escenario.

Carmona apareció a continuación, vestido con un traje rojo bastante llamativo, bailando soleá por bulerías de manera algo sorprendente. Fue dramático, pero Campillo aportó el toque de clase al recoger del suelo la flor caída, juguetear brevemente con ella a la espalda de él y lanzársela al guitarrista, quien a su vez se la colocó en el ojal. Un gesto elegante.

Una velada sólidamente respetuosa con las tradiciones del flamenco e impecablemente pulida en su presentación.

En su reciente entrevista en el programa Atención Obras de RTVE, Jesús Carmona presenta Tentativo no solo como un nuevo espectáculo, sino como una declaración de intenciones: volver al origen del impulso creativo.

El bailaor y coreógrafo, que estrenó la pieza en el Centro Danza Matadero, sitúa este nuevo trabajo en un momento de cambio personal y artístico. Tras explorar territorios más oscuros y complejos en obras anteriores, ahora se reconoce en un lugar distinto: “más consciente” y con mayor solidez en sí mismo.
 
Pero lo verdaderamente relevante no es solo el punto de llegada, sino el camino. Tentativo nace de una necesidad muy concreta: revisitar al creador que fue hace más de una década, cuando crear no respondía a estructuras ni expectativas, sino a una urgencia interna.

De ahí el propio título. Como explica el artista, “Tentativo es sinónimo de prueba, de fallo, de error, de acierto”. Y esa idea se convierte en el eje del espectáculo: mostrar el proceso, no esconderlo.

Lejos de la perfección cerrada, la pieza invita al espectador a presenciar el ensayo, la construcción, incluso la imperfección. Un gesto poco habitual en escena que transforma la experiencia en algo más cercano, más humano. Como apunta el propio equipo artístico, se trata de hacer visible cómo nace una idea y cómo se convierte en movimiento.
 
Otro de los pilares de la obra está en lo que Carmona denomina “paisajes reales”. No se trata de lugares físicos, sino emocionales: recuerdos, vivencias, estados que cada intérprete lleva consigo y que se comparten en escena. Amor, incertidumbre, dolor… materiales invisibles que el cuerpo traduce en danza.
 
El resultado es una pieza abierta, donde cada espectador puede construir su propio significado. Una obra que no busca imponer una lectura, sino generar experiencia.
Con Tentativo, Carmona no solo presenta un nuevo espectáculo. Plantea una nueva forma de mirar la creación: más honesta, más expuesta y más cercana al error como parte esencial del proceso.
 
Porque, en el fondo, quizá crear no sea otra cosa que eso: probar, fallar… y seguir bailando.

Hay momentos en la trayectoria de un creador en los que mirar atrás no es un gesto de nostalgia, sino una necesidad. Un impulso para entender el presente y abrir nuevos caminos. Tentativo, la nueva creación de Jesús Carmona, nace precisamente desde ese lugar.

Tras años de exploración, evolución y consolidación en los principales escenarios internacionales, Carmona regresa a un territorio esencial: la memoria. No como archivo, sino como materia viva. Como ese espacio íntimo donde conviven lo aprendido, lo vivido y lo que aún está por descubrir.

En Tentativo, el flamenco se convierte en lenguaje y en territorio. Un vehículo para indagar en los paisajes emocionales que nos construyen. Aquellos que no siempre se ven, pero que habitan el cuerpo, el gesto y la forma de moverse.

La pieza, dirigida escénicamente por Luis Luque, se articula como un gran formato donde danza, música y dramaturgia dialogan desde la precisión y la sensibilidad. Un espacio donde cada elemento escénico no acompaña, sino que construye sentido.

Lejos de plantear una narración lineal, Tentativo propone una experiencia. Un viaje que transita entre pasado y presente, entre lo íntimo y lo compartido, entre lo que fuimos y lo que estamos siendo. Una invitación a detenerse, a mirar, a reconocer.
 
Porque avanzar, a veces, implica volver.
 
Con un elenco de intérpretes de gran sensibilidad y un equipo creativo de primer nivel, la nueva propuesta de Jesús Carmona reafirma su compromiso con un flamenco en constante transformación. Un flamenco que no se limita a ser forma, sino que se convierte en pensamiento, en emoción y en posibilidad.
 
El estreno de Tentativo tendrá lugar en febrero de 2026 en Nave 11, Centro Danza Matadero (Madrid), marcando el inicio de una nueva etapa en la trayectoria del artist